Se me
acercan algunas personas a preguntarme qué es lo que yo veo en un jugador de
fútbol. Por qué tantos aciertos, me dicen. En realidad, yo miro al jugador como
debería mirarlo todo el mundo: en la competencia. (Nada de vídeos editados ni
recomendaciones) No es muy difícil saber cuál es el que marca diferencia. En
cada partido que veo me pregunto: “¿Si tuviera que escoger sólo a uno de todos
los que están jugando, ¿cuál escogería?” Hay
algunos que repiten, que aparecen varias veces en esas estadísticas.
Después viene
lo otro: Entro a conocerlo, saber cómo vive, cómo entrena, su entorno, su
relación con sus padres y personas cercanas, cómo resuelve sus conflictos, si
tiene carácter, si es capaz de convivir en diferentes ambientes, si está
interesado en mejorar cada día. Procuro saber qué sueña y cuánto está dispuesto
a apostar por sus sueños. Este acompañamiento lo sigo realizando, incluso,
cuando ya el jugador está en el club, que sienta que siempre tiene a alguien
apoyándolo, orientándolo, pendiente de su proyecto.
Pero algo
fundamental es cómo gestiona sus crisis. En las crisis se conoce al grande. Es
fácil ver un crack en las espectaculares jugadas o en los momentos de las
victorias. Pero a mi modo de ver, el talentoso debe tener una capacidad
extraordinaria para la resiliencia, es decir superar las derrotas y las crisis
con prontitud y sabiduría. “El pájaro canta, aunque la rama cruja, porque él
sabe para qué tiene sus alas” dijo un poeta.
Uno de los
mitos del fútbol aficionado es la infortunada premisa de que “para poder llegar
hay que tener empresario”. No necesariamente. Lo esencial de la labor de un
agente o intermediario es buscarle un atractivo mercado internacional cuando ya
el jugador sea profesional y se destaque.
No hay ninguna garantía, señores. No hay fórmula.
Nadie sabe. Es mejor ir paso a paso. Conviene armarse de mucha paciencia y
honestidad. No se es jugador de fútbol sólo porque se quiera, se tiene que
marcar diferencia. Y en el fútbol no marcan diferencia los que quieren sino los
que quieren y pueden. Y muy pocos pueden
