En las charlas que realizo y en las entrevistas que me hacen la pregunta
que nunca falta es: “¿Qué es lo que usted mira en un jugador de fútbol?”
En realidad, analizo varios factores: Primero, su sensibilidad técnica.
Segundo, su capacidad de resolución en las situaciones del juego. Luego, como
ya dijimos, entro a conocerlo personalmente. No se trata de “ayudarlo” o darle
la “oportunidad” como creen algunos. Ninguno de los que he apoyado ha triunfado
por mí. Fueron ellos los que tomaron la decisión y la sostuvieron.
Entonces me pregunto: ¿tiene una hoja de ruta? ¿Sabe qué es lo que
quiere y para dónde va? ¿Escucha, se deja orientar? ¿Está dispuesto a emprender
el "Viaje hacia Itaca"? (“Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento”- Costantin
Cavafis) Eso le fortalece el carácter, que es, en últimas, lo más importante
para triunfar y mantenerse.
Lo que diferencia a un gran jugador de uno normal es la regularidad en
su rendimiento. El joven, poco a poco registra un plus en cada partido, tiene
una continuidad, una constancia positiva, entiende más rápido las indicaciones
para mejorar, comienza a revestirse de grandeza, (a creérselo!), se blinda de
acero y se lanza a la arena a pelear con las bestias...
¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿Y el tema de la talla (estatura) del
jugador???????????? La talla del jugador se
ha vuelto un tema obsesivo en el fútbol actual. Virtualmente lo obligan a uno a
andar armado con un metro y una báscula cuando va a mirar un partido. Y algunos
van más allá y le mandan a hacer al muchacho un test de Tanner o un carpograma.
Paradójicamente, cuanta más información poseemos, más difícil resulta hacer una
elección afortunada.
Ya no es el deleite de antes cuando candorosamente escogíamos y
gozábamos con los jugadores que más nos deslumbraban. Fintas, jugadas
preciosas, habilidades impensadas eran nuestras guías. Ese tiempo ha pasado. Y
termina uno pervertido, buscando lo que no quiere ver.
Después esa pelea con los técnicos. Pareciera que para algunos su labor
pasó a ser la de encontrarles defectos a los buenos jugadores. Que si son
bajitos, que si son lentos, que si les falta actitud. No son seleccionadores de
talento, sino descalificadores de talento.
Para ciertas posiciones la talla es muy importante: arquero o zaguero
central; para el resto de las posiciones el joven tendrá que compensar su falta
de talla con otros elementos, como muy buena masa muscular, excelente potencia
para la saltabilidad y, por supuesto, exquisita técnica y conocimiento del
juego. Si además de ser bajito es débil y enjuto, no tendrá posibilidades de
consolidarse en ese fútbol invadido por atletas” – Dr.Carlos Rolong (MD)
