Claves para la selección de talentos en el fútbol 3


La tragedia empieza cuando estás demasiado enfocado en la meta, porque cuando no la logras, te frustras. Deberías enfocarte más en el camino, concentrar toda tu energía en mejorar tus virtudes, en pulir tus deficiencias. Día a día. No importa si logras la meta o no. El talentoso no disfruta sólo porque gana, disfruta porque está haciendo lo que más sabe y lo que más le gusta hacer; ya eso tendría que ser un motivo para sentirse feliz.
El verdadero talento sabe que su valía no depende de que gane siempre, sino de que sabe “hacerlo fácil”, que todo le fluye. El talentoso muchas veces no sabe cómo va a solucionar las cosas, pero sabe que las va a solucionar, que sólo necesitará de un mínimo instante iluminado y será capaz de desplegar toda su creatividad bajo presión.


No hay que convertir las dificultades en tragedias. La clave es entender que esto es un juego donde lo primordial es aprender y avanzar, que en cualquier momento vas a ganar o perder, pero siempre hay que seguir. La característica más importante de un talento es su capacidad para aprender cada día.
El talento no siempre se manifiesta desde un comienzo. Si tienes buena técnica y te consideras un buen jugador es porque eso siempre estuvo allí, sólo que después lograste generarlo. Nadie puede dar lo que no tiene. Como el escultor que desde el primer momento que encuentra una piedra vislumbra la escultura que puede tallar. Si no tienes esa visión será inútil el esfuerzo.
Y recuerda esta frase de Bruce lee en la película Operación dragón: “Vacía tu copa para que pueda ser llenada. Quédate sin nada para ganar la totalidad”
El principal patrimonio del ser humano es su energía vital. Qué haces durante tus 24 horas con esa energía. De la manera en que la administres dependerá que puedas potenciar tu talento. Que te alimentes adecuadamente (dieta de deportista), que descanses lo indispensable, que aprendas a gestionar tus conflictos, que te dediques a una actividad productiva en tus tiempos libres.
Que evites los desgastes innecesarios: Que aprendas a vivir relajado, con un mínimo de esfuerzo, como un gato durante el día, recargándose, para que, cuando lleguen los momentos de máxima exigencia, puedas contar con esa energía deliberadamente acumulada.
Si no eres capaz de manejarla bien, esta energía, con seguridad, terminará despilfarrada, agotada o disminuida, de tal forma que sería tanto como salir de casa con el celular con un par de rayitas de carga.
El coach Jim Loehr (*) exponente de esta teoría, nos habla de que hay que tener mucho cuidado con las historias que contamos. Se desperdicia mucho tiempo y energía, cuando una persona se pone a quejarse, triste o furiosa. Narrar un panorama pesimista y negativo es definitivamente inútil. Es preferible cierta indiferencia al fracaso, que sepas que, en realidad, los fracasos son secundarios y hasta necesarios, apenas pequeñas desviaciones del camino cuando tienes clara la meta.
Un ánimo alegre y dispuesto predispone al triunfo. ¿Por qué andar fastidiado, tensionado, amargado, si más bien tienes que agradecer que ya te dieron, que tienes un don, un gusto por lo que haces, una familia que te apoya y quizás hasta la posibilidad de cristalizar tus sueños?
Jim Loehr (*): Coaching estadounidense, especialista en orientar atletas de alto rendimiento.